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Ayer dirigimos una práctica profesional de campo en el sitio arqueológico de Teotihuacan.
La realizaron estudiantes de historia de la gastronomía, de teoría y medios de comunicación y de semiótica.
El objetivo era realizar un análisis psicosemiótico de la cocina prehispánica in situ.
Dentro del museo de sitio ubicamos la civilización teotihuacana de acuerdo a la verdad objetiva de su estudio cerámico estratigráfico, punto de partida para toda interpretación y fechamiento que se consideren cinetíficos de acuerdo a los requisitos actuales. En tanto no se conocen documentos de escritura real, no tenemos ninguna idea clara sobre la lengua de quienes habitaron este gran centro urbano de Mesoamérica. Sólo nos quedan los restos arquitectónicos, las esculturas, la pintura y los utensilios, más muchos tepalcates de barro. Sobre esa información hay que establecer toda propuesta de interpretación y la cerámica es lo único que permite fechamientos objetivos.
Hay siete fases cerámicas:
--1) la primera (-400 -- -100) corresponde a los restos anteriores a la fundación de la ciudad, cuando los primeros asentamientos humanos en aldeas comunales se ubican al norte del sitio actual, detrás de la montaña del agua o pirámide de la luna;
--2) la segunda (-100 -- 100) marca los inicios de la urbe, pues es cuando se trazan los grandes ejes estructurales norte-sur y se levantan las primeras estructuras de lo que serán las dos grandes pirámides;
--3) la tercera fase (100 -- 150) expresa ya una identidad propia de ciudad, se construyen el edificio de las serpientes emplumadas al sur de la gran pirámide, y el edificio de los caracoles emplumandos al poniente de la otra pirámide;
--4) la cuarta (150 -- 250) corresponde al período específicamente preclásico de esta gran ciudad, es cuando se construye la calzada de los muertos;
--5) la quinta fase (250 -- 450)cerámica constituye el esplendor máximo y la plena identidad sociocultural de la urbe, se levanta el gran palacio del pájaro mariposa;
--6) la sexta (450 -- 650) marca una meseta estilística, se da la estabilidad, son construidos palacios como el de los grandes paredones, el de las piedras y el del muro de piedras junto al agua;
--y 7) la séptima fase cerámica (650 -- 750) ya no es en realidad una fase constructiva sino la etapa que marca la ruptura por parálisis creativa, el final de la gran ciudad en medio de olas y olas de violencia, según se entiende.
Ya el año 800 de nuestra era la ciudad estaba abandonada por completo.
Luego de esa presentación general, ahora ya en el palacio de los grandes paredones, al este de la pirámide del agua o de la luna, hicimos un intento de reconstrucción sintética del orden simbólico de la gran ciudad cuyo nombre o nombres desconocemos por completo. Así, en el mural del vidente en la piragua reconstruimos la historia de la fundación de la ciudad, con gente llegada por el gran lago, después de la explosión del volcán Xitle, alrededor del año 200 antes de nuestra era. Hasta llegar al momento en que ese espacio urbano debe haber tenido más de cien mil habitantes, algo excepcional para su época. Una sociedad jerárquica compleja, con tres cuerpos dominantes: el guerrero, el sacerdotal y el comercial, según un sistema mitóligo en realidad difícil de reconstruir, pues todo lo debemos imaginar, aunque la simbólica en sí manifiesta muchas de las grandes constantes de Mesoamérica. También allí hicimos una primera reconstrucción de lo poco que se puede saber de verdad sobre el orden alimenticio de la ciudad a través de sus mil años de historia. En el mural del paraíso del agua se pueden ver los ingredientes básicos: maíz, cacao, chile, frijol y calabaza, más los insectos y las flores. Y en el mural de la medicina se puede ver un comal y probablemente una tortilla calentándose encima de él, entre dos personajes humanos que parecen estar cantando; pero también puede ser una penca de nopal o un pescado lo que se está asando allí.
Así podemos suponer que una gran urbe de cien mil habitantes era muy diversa en muchos sentidos. Sus obras y utensilios les dejan ver complejos y sabios en muchas cuestiones, refinados y artificiosos, con mucha imaginación.
Después, en el palacio del muro de piedra junto al agua comenzamos a recrear de modo materialista histórico lo poco que se puede saber hoy día sobre la cocina y las cocinas de esa gran ciudad prehispánica. Porque apenas si se han encontrado restos de lo que pudieran ser cenizas y basura de cocina, de modo que no parece que tuvieran un lugar fijo para preparar sus comidas. Allí mismo comprobamos el grado dañado por la humedad sobre lo que suponemos una posible receta para cocinar una bisnaga. Y en el palacio de las piedras vimos las figuras de animales que pudieron formar parte de la dieta de la ciudad; pero, lógico, allí también vimos una vez más la compleja simbólica de su orden religioso y las sutilezas de sus recursos pictóricos e icónicos. Tema del que hablaremos más adelante.
Más tarde hicimos un rapido recorrido por el gran centro ceremonila, entrando por las ruinas del templo de los caracoles emplumados, para subir a contemplar la excelencia del espacio del pájaro mariposa; a continuación analizamos la plaza del templo del agua y caminamos por la gran calzada hasta el mural del puma del cielo, un texto en verdad grandioso sobre la noción de lo sagrado en la ciudad que psicoanalizábamos con la práctica de campo. De allí seguimos caminando hasta el conjunto de los edificios superpuestos, ejemplo claro y enigmático de las ideas constructivas de superposición imperantes en esta ciudad y civilización. Para continuar caminando hasta llegar a la ciudadela y ascender para contemplar el templo de las serpientes emplumadas y los monstruos del origen del mundo.
Pero lo más valioso de este ejercicio académico fue la interpretación que la profesora Hernández Reyes nos dio sobre el posible significado astronómico del ícono de los aguiluchos que aparece pintado sobre los muros bajos de una de las habitaciones del palacio de las piedras...
VER FIGURAS ARRIBA DE ESTE SEGMENTO DEL CURSO: ENCIMA ESTÁ UN ESQUEMA DE ESE MOVIMIENTO SIMBÓLICO DE VENUS Y ABAJO ESTÁ LA CABEZA DE UNO DE ESOS AGUILUCHOS.
Allí, aplicando lo que se conoce como semiótica algebráica, la profesora María Adela nos explico que la forma como se dibuja la cabeza del polluelo de águila es una metáfora, más bien un diagrama del movimiento en el cielo del planeta Venus como luz de la tarde y de modo indirecto también como luz de la mañana.
De tal modo, nos dijo, resulta posible que lo que vemos como representación de un ave y pensamos como un ornamento arquitectónico, muy buen puede ser toda una lección de astronomía con algoritmos de geometría analítica. Ciencia matemática --según lo que nos deja interpretar el empleo de la semiótica, la retórica, la hermenéutica y la informática para psicoanalizar los sistemas comunicativos.

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