...Se escribe la memoria. No "con" la memoria, ni "por" la memoria, sino "para" la memoria. Se es teletransmisor/a de memoria. Nada más por (des)vestir un soporte inestable con ricos signos con efímero estilo bizantino.

"Nacida y Alimentada en El Púrpura", escribe Ana Comnena, cuando se presenta en el Prefacio de La Alejiada. Para expresar con ese color su noble origen romano oriental, pues ello significa ser la primogénita de
Alejo I, el emperador.
Una mujer aristócrata. Educada como pocos en su tiempo. Capaz de escribir la historia de su padre, el emperador Alejo I, y con ello narrar desde su punto de vista lo que fue la Primera Cruzada.
Una mujer que, según se cuenta, será capaz, en su momento, de exigir el derecho a gobernar el Imperio como la primogénita que era, cosa que haría junto con su guapo y muy educado esposo, el aristócrata e historiador Nicéforo Briennio, para no escandalizar demasiado al orden patriarcal. Todo en contra de su hermano menor, Juan, considerado "legítimo primogénito" por el patriarcado de Bizancio. Que la derrotará. Y cuando su esposo se quede con él como asesor, ella le dirá que en esa pareja la naturaleza se equivocó porque la mujer era el varón. Ni más ni menos. Para terminar, junto con su madre, la emperatriz Irene Ducaena, exiliadas y encarceladas en un monasterio de monjas ortodoxas griegas, por conspirar contra el Imperio.
Razones suficientes para querer pensar en ella y contra ella. Para querer hacer historia, continuar escribiendo historia, en tanto que eso es interpretar textos, según entendemos.
Y con Ana Comnena encontramos un tema fuera de serie. Un modelo ejemplar para la interpretación y la crítica. Con perspectiva historiográfica.
Porque se complica con todo. Por ejemplo, es una mujer que escribe sobre su padre; una mujer efectivamente marcada y sobredeterminada en grado extremo por ese nombre simbólico, que aquí es el de la soberanía misma del Imperio Romano de Oriente en el siglo XI de nuestra era. Un asunto de verdad oscuro para el orden simbólico del patriarca, por lo poco que se conoce de él y lo mucho que pudo gobernar y controlar. Como el exilio y encierro en un monasterio de Ana y su madre. Pero una mujer, al fin; y una capaz de producir el único documento sobre la historia, vida y mentalidad de lo que hoy llamamos Bizancio en esa época, la de la Primera Cruzada, que también ella narra.
La Alejiada no es un libro de historia de acuerdo a nuestros actuales requerimientos. En tal caso, su relato está más cerca de la novela. No recurre a ningún aparato documental para confirmar su relato e interpretaciones; todo lo contrario, la narrración depende por completo de la memoria de la narradora intradiegética, la misma Ana Comnena, y nada más. Hasta Homero y Tucídides parecen haber sido citados de memoria. Es un relato del medio oral, anterior a la aparición del libro y su nuevo orden simbólico. Un relato del orden oral de la Edad Media, y además un relato bizantino.
Y nada claro podemos ver hoy sobre cómo pudo ser articulado el documento concreto de La Alexiada. Su auténtica interpretación depende de desarrollar todavía un largo trabajo psicosemiótico, algo que no se puede efectuar de un día para otro ni nada más con desearlo. Hay que trabajar.
Todo esto es la construcción y análisis de esa estrategia para interpretar el texto de La Alexiada y desde ahí tratar de reconstruir las mentalidades bizantinas de la era de Ana Comnena y su gran relato histórico.

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