Monday, April 06, 2009
El Mito del Signo Único
Una mala interpretación más de la escritura de Pierre Klossowski, según nosotras. Quienes esta blog con psicosemiótica escriben. Tal como nos enseñó, en su hora, Juan García Ponce.
Otro ensayo sadeano para iluminar las malas interpretaciones como las "únicas" interpretaciones posibles y válidas.
Yep. Otro chisme de damas romanas, misterios, signos y perversiones.
--Con éste (signo único) vencerás... --cuentan las leyendas que le dijo Dios a Constantino.
Una visión. Un sueño. Un delirio. Un invento tardío. La locura de Constantino el Grande, el origen simbólico del cristianismo como la máquina base de Occidente que todavía es.
El Signo Único.
Que la palabra "Jesucristo" exprese siempre a Jesucristo, el ser y el Ser de Jesucristo; en todas sus formas y figuras históricas y simbólicas, lo mismo que como unidad suprema del todo, como sustancia divina en la Trinidad. Y bla bla bla. Que tú seas tú porque la palabra tú te dice y hace creer que tú eres tú. Y ja ja ja.
Algo que conecta con nuestro nombre propio y los juegos y mitos y fuerzas del nombre propio. Un asunto psicoanalítico, freudolacanaeano. El Nombre. La Palabra del Nombre y El Nombre como Palabra. La Palabra. Que se repite para decir lo único de quien así es nombrable.
Lo constante y esencial de la silla en todas las sillas, mientras que no se tenga que decir cuál silla. Porque todo sustantivo integra la identidad y la diferencia en una paradoja suprema, que cada caso resuelve en forma pragmática a favor de una de ambas posibilidades o todo lo hace estallar en el garabato.
Un signo que fija la sustancia de la cosa nombrada. Algo imposible. Pero que se cree real, por la mayor parte de la gente, todavía. El Mito del Signo Único. Que funciona bien en los hechos, al menos en apariencia; pero se deshacer en la reflexión y la cr{itica, pues no está ahí lo único de lo único del signo que se plantea como único.
Por ejemplo, William Blake también deseo encontrar ese Signo, justo el del Nombre de Dios. Algo prohibido en los textos canónicos de la Biblia y el Corán. También Stephane Mallarmé lo quiso producir con El Libro y Jorge Luis Borges lo explica y parodia en El aleph.
En ese mito se enredan las verdades de la hermenéutica y la semiótica. Lo mismo que la necesidad de que cada una imposibilita a la otra. Si la comunicación está en el signo, no se necesita de la interpretación, basta con el diccionario; pero si la comunicación está en la interpretación, lo que no se necesita es el diccionario. Y así sucesivamente. Tal como deja entender Michel Foucault en: "Nietzsche, Freud, Marx" (1965).
Por eso, la indeterminación predominante en esta blog sobre ambas cuestiones. Ni semiótica ni hermenéutica. psicosemiótica.
Con la creciente certeza de que lo fundamental está afuera de la cosa escrita, entre quienes viven y mueren con signos e interpretaciones.
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